sábado, 29 de agosto de 2009

Introduccion Critica al estudio de las Inteligencias Multiples

Los modelos educativos tradicionales han demostrado su incapacidad para resolver los problemas de hoy. Prueba de ello son los altos índices mundiales de deserción escolar, fracaso académico y vocacional, así como los de delincuencia y violencia juvenil.


Los niños y jóvenes que actualmente acuden a las escuelas han recibido desde su nacimiento (incluso antes) incontables estímulos de todo tipo. Han crecido en hogares donde comúnmente se escucha música; ahora que los aparatos de radio o reproductores son accesibles a la mayoría de la gente, no es raro que un joven haya tenido acceso a música originada en el otro lado del mundo y de todos los géneros posibles. Los hogares están llenos de conversaciones, reales o de ficción, incluso en varios idiomas; frecuentemente se tiene la televisión prendida con programación de todo tipo, con sonidos de animales, ruidos de maquinaria, explosiones, llantos, aullidos, cantos infantiles, risas e incontables sensaciones auditivas que llegan a ellos como cosa cotidiana. Al viajar en automóvil o autobús reciben imágenes de la publicidad con la que hemos atiborrado nuestras ciudades, con iluminación o sin ella. Igual que a través de la televisión y, recientemente, la computadora, la publicidad ha bombardeado también su cerebro con seres y objetos que jamás verán en la realidad, pero que gracias a sus estímulos, intencionadamente o no, forman parte de su repertorio de experiencias visuales. Así mismo sucede con las imágenes relacionadas con expresiones artísticas: pintura, escultura, arquitectura, teatro y cine, que ahora se encuentran en cualquier lugar. Nuestra vida está imbuida por el arte, que afortunadamente ha dejado de ser privilegio de pocos. Los videojuegos y el Internet han proporcionado también a los niños y jóvenes de nuestro tiempo un elemento de interacción virtual: han aprendido a generar cambios en los estímulos que reciben con el toque de una tecla o un mínimo movimiento de la mano. Su capacidad de respuesta ojo-mano ante estímulos de dos dimensiones suele ser muy alta. Y en general, el contacto diario con la tecnología ha moldeado su forma de entender el mundo: la visión de sistemas interconectados, el todo formado por elementos interdependientes entre sí, clasificaciones, jerarquías, lenguajes abstractos, uso de algoritmos, etc., no les son ajenos, ni difíciles de comprender y manejar. Por otra parte, el contacto humano no es para ellos tan intenso como lo fue para nuestras generaciones y las que nos antecedieron; ya no tenemos a la familia extendida como parte del retrato familiar, pero hemos llevado a nuestros niños a estancias infantiles, guarderías, centros de estimulación y escuelas maternales, desde edades muy tempranas. Si a esto le sumamos los cambios de escuela, cambios de domicilio o incluso de ciudad, los contactos con vendedores de todo tipo: supermercados, autoservicios, restaurantes y cualquier cantidad de tiendas, que ahora son parte de nuestra vida cotidiana -a diferencia de antes, cuando las familias tenían menos movilidad y cuando la había, ocurría en círculos más cerrados- el resultado es que tienen en su haber una enorme cantidad de interacciones (casi todas superficiales y de poca intensidad) con personas diferentes. Además, un alto porcentaje de estos niños y jóvenes se han enfrentado a sentimientos de soledad y abandono, por la alta frecuencia de divorcios, madres solteras y la creciente necesidad económica que obliga a todos los adultos de una familia a salir de casa para trabajar. Son personas que han aprendido a crecer en soledad a pesar de tener compañía (real o virtual); han aprendido a estar consigo mismos y cada uno lo ha sobrellevado a su modo, ya sea enfrentándolo o evadiéndolo, pero han sobrevivido a ello.

Estas cortas vidas hiperestimuladas forman el perfil de los alumnos de nuestras escuelas, tristemente anquilosadas en sus prácticas orales y escritas, de disciplina austera y mecánica, más llenas de prejuicios y etiquetas para los alumnos que de respuestas y soluciones a sus preguntas y problemas. A estos niños cuyos “canales” receptivos se encuentran abiertos y necesitados de estimulación variada y enriquecedora para continuar su desarrollo, pretendemos “enseñarlos” con monólogos de cincuenta minutos, en aulas cerradas y sin color, limitando sus movimientos e interacciones, regulando y controlando excesivamente lo que hacen, dicen y hasta lo que piensan. Y todavía nos extrañamos cuando pierden la motivación y el empeño en los estudios. Entonces los tildamos de “flojos”, “ineptos” y “groseros”, por decir lo menos, pues también los mandamos al psiquiatra con diagnósticos precoces de TDH o bipolaridad cuando no podemos ejercer control sobre ellos.

Lo que digo aquí suena tremendo, y lo es, a pesar de que las autoridades educativas y la sociedad en general no alcancen o no quieran verlo así.

La vivencia de esta realidad, la aridez de la educación tradicional con sus enormes limitaciones y escasos triunfos, ha llevado a muchos docentes e investigadores a una búsqueda de alternativas pedagógicas y didácticas que al aplicarlas puedan llevar a los jóvenes a experimentar el éxito y el placer del aprendizaje.

El Dr. Howard Gardner con su Teoría de las Inteligencias Múltiples nos ha brindado a los educadores una explicación a los fracasos sufridos por la educación tradicional, a la vez que ha apuntado las posibles soluciones, desarrollando, junto con varios de sus colaboradores, herramientas y estrategias para llevar su teoría a la práctica del salón de clases. Esta propuesta aporta caminos para hacer que la experiencia escolar sea para los alumnos motivo de satisfacción y deseos de superación y deje de ser un mal recuerdo.

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