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jueves, 5 de agosto de 2010

Mis alumnos no son "nativos digitales"

Para esta entrada en la que, como parte del curso DocTIC debo reportar mis hallazgos acerca de la experiencia de participación en espacios educativos mediados por TIC de otras personas, usaré la autoevaluación y retroalimentación de mis alumnos del semestre pasado (sexto semestre de bachillerato), pues se trataba de un grupo muy heterogéneo, tanto en edades (entre 17 y 43 años) como en habilidades digitales (desde no saber adjuntar un archivo en un correo hasta un excelente y rápido dominio de cualquier programa, aun siendo desconocido) e intereses (desde la Muy interesada en aprender a usar distintas herramientas, hasta quienes no querían saber nada de una computadora). Durante todo el semestre los estuve “bombardeando” con distintos programas, plataformas, herramientas y usos de los recursos de la Web 2.0 dentro de nuestras clases. La manera en que trabajamos era en una sala de cómputo, con tres horas seguidas disponibles y cada alumno elegía la actividad (o materia, porque eran varias: filosofía, metodología de la investigación y taller de investigación en c. soc.) que quería trabajar. Ahí estaba yo siempre para ayudarles, explicarles o lo que fuera necesario para cada quien. Aparte teníamos tiempo de clase en el salón, donde trabajábamos de otra manera y con actividades complementarias.
Con ellos confirmé mis sospechas de que el concepto de “nativos digitales” debe tomarse con muchas reservas en países como México, en los que existe toda una gama de diversidad en todos los sentidos. La mayoría de mis alumnos son muy jóvenes y cuando nacieron, la tecnología ya era cotidiana, sin embargo, en sus contextos no se percibe como algo necesario ni de uso diario; algunos tenían poco tiempo de usar computadora e Internet. Lo mismo observé en una escuela secundaria (con alumnos de entre 12 y quince años) donde trabajé un tiempo: la mayoría de los alumnos no tenían computadora en casa y las de la escuela -en las que por supuesto estaba bloqueado el Internet- solamente las usaban en clases de informática (Word, Excell, Power Point).
En el caso de mis ex-alumnos de preparatoria, además de sus pocas clases de informática, nunca habían usado las computadoras para aprender. Lo más que habían hecho eran archivos en Word, Excell o Power Point. En ese semestre yo me propuse incluir en mis clases algo de lo que había aprendido navegando en Internet: Wikis (Wikispaces), un marcador (Delicious), documentos en línea (Google Docs) y blogs (Blogger). En el Wiki había que incorporar imágenes, videos y textos, por lo que debían manejar también esos formatos.
De los once alumnos, ninguno tenía conocimiento previo de lo que usábamos en las clases para desarrollar los proyectos.
Solamente dos alumnas no se quejaban de las herramientas y estaban gustosas de aprender a través de la tecnología, pero aun ellas, aprendieron a trabajar de esa manera únicamente porque era necesario para aprobar las materias. Para ellos lo divertido era meterse al Messenger, Myspace, Facebook, a sus correos o a Youtube a ver videos chistosos. Esos eran sus usos favoritos de la tecnología; aunque para varios de ellos no era para nada divertido sentarse frente a una computadora, fuera lo que fuera que hubiera en la pantalla..
En sus autoevaluaciones todos reportaron haber mejorado en sus habilidades digitales y sentir que habían aprendido usando herramientas y plataformas nuevas. Sin embargo, la realidad fue que tuve que cambiar varias de las actividades que traía programadas para ellos; por ejemplo, no pudimos usar Delicious porque sólo unos cuantos tenían cuenta de Yahoo y fue todo un “tango” intentar que abrieran una. Lo mismo pasó con Google Docs, que requerían la cuenta en Gmail y a la mayoría (9 de 11) les resultó en extremo complicado entender su funcionamiento.
Cuando les preguntaba si querrían volver a trabajar con ese tipo de apoyos, casi todos respondían que si, pero cuestionando si no había cosas más fáciles de usar.
Lo que fue muy notorio es que entre mayor edad tenían los alumnos, les costaba más trabajo adaptarse al cambio de manera de trabajar. Para los mayores, la tecnología fue un gran obstáculo al desarrollar las actividades de clase y para aprender, ya que les llevaba mucho tiempo, por ejemplo, subir un archivo en el Wiki o escribir un comentario en el blog, y a veces se quedaban “atorados” con algo así. Hubo poca colaboración y en ese sentido lo que más favoreció este punto fue el Wiki una vez que le “hallaron el modo”.
Al terminar el semestre algunos de ellos entrarán a universidades distintas (quienes seguirán estudiando) y ya será cosa de preguntarles si han seguido usando lo que aprendieron o lo usaran solamente si se los vuelven a pedir sus maestros.
De cualquier manera para mi fue una gran experiencia y pienso repetirla este semestre que esta por iniciar, claro, corregida y aumentada.
Las preguntas que me surgen de todo esto son: ¿Qué factor o factores influyen más en el hecho de tener dificultades para aprender usando la tecnología?, en particular aquella de la llamada Web 2.0, ¿Es la edad, el estilo de aprendizaje, las inteligencias dominantes, la personalidad, el contexto en el que se mueven las personas, la dificultad intrínseca de las herramientas, la falta de interés, el miedo a lo nuevo o la errónea aplicación de la tecnología al desarrollo del aprendizaje? Espero que algún día, con más experiencia en estos asuntos obtenga algunos indicios de las respuestas.

miércoles, 17 de marzo de 2010

EL SIGLO XIX EN LAS AULAS DEL SIGLO XXI


Hace casi veinte años que estudié la Licenciatura en Ciencias de la Educación. Ya entonces era tema antiguo la crítica a la educación tradicional: verbalista, repetitiva, a través de la cual se entrena a los alumnos en una pasividad obediente y caracterizada por la falta de formación en valores, en vez de lo cual se fomenta una disciplina dependiente de la estructura jerárquica, así como toda una derivación de problemas psicológicos, morales y de aprendizaje que dicho sistema no sólo permite, sino fomenta.

En ese tiempo soñábamos con un Siglo XXI en el que ya se hubiera corregido el rumbo lo suficiente como para que los estudiantes de las carreras de Educación no tuvieran que graduarse con un sentimiento de desánimo e impotencia como nosotros. Técnicamente estaban dadas las condiciones necesarias para que así ocurriera y confiábamos en que la situación política, al ser tomada la estafeta por personas más jóvenes, iría por rumbos de verdadero progreso.

Ahora muchos de nuestros sueños son realidad: medios de comunicación instantánea, accesibles y sin fronteras, procesadores de palabras con correctores ortográficos y gramaticales (aunque todavía con limitantes, son un gran avance comparado con aquella durísima Olivetti acompañada de un papelito corrector…), materiales didácticos adecuados y fáciles para quienes no sabemos dibujar ni tenemos habilidad para las manualidades (elaborar material visual en hojas de rotafolio podía llegar a ser una empresa imposible…), equipos de apoyo audiovisual que no pesaran más que nosotros y cuyo material no fuera tan caro de elaborar, que casi convirtiera prohibitivo su uso (como los proyectores de diapositivas y los proyectores de acetatos en sus inicios o las videocámaras).

Sin embargo, aun con los tremendos avances tecnológicos e incluso teórico-pedagógicos, así como en lo referente a psicología educativa, dinámica de grupos y demás áreas del conocimiento ligadas a la educación, la mayoría de nuestros niños y jóvenes siguen yendo a clases con enormes mochilas llenas de libretas y libros, se dedican a leer, copiar y rellenar espacios, después de la consabida “clase dada” por el maestro frente al grupo, de manera oral y con la utilización del arcaico pizarrón (pues aunque se usen plumones en lugar de gis, las posibilidades no mejoran mucho y el uso de la pizarra digital o el power point como apoyo a exposiciones orales unidireccionales no hace diferencia).

Al menos eso es lo que ocurre en las escuelas donde estudian mis hijas (una está en quinto de primaria y otra en segundo año de bachillerato; ambas en escuelas privadas con un costo aproximado de $350 dólares mensuales). Con mínimas variantes, en la universidad donde estudia mi sobrina (pública, de bajo costo y con muchos certificados de “calidad educativa”), las clases siguen siendo tradicionales. La misma situación ha sido también la norma -contra toda mi oposición y esfuerzo- en todas las escuelas donde he estudiado y trabajado como docente y/o administrativa, tanto en el estado de Sonora como en Mexicali y aquí en Tijuana, Baja California. Tal vez no ocurra lo mismo en todo el país; al menos eso quiero creer.

Es muy triste ver cómo hoy, Marzo del 2010, algunas escuelas siguen patrones desarrollados desde, cuando menos, el siglo antepasado. Y no que pretenda que se aplique lo actual por “estar a la moda”, ni mucho menos, sino por lograr en la educación eficacia, eficiencia y adecuación a los tiempos que corren con sus requerimientos sociales, productivos y humanos que definitivamente no se parecen a los del siglo XIX.

Para mí es sumamente frustrante leer acerca de las experiencias de docentes que ayudan a que sus alumnos de primaria trabajen colaborativamente los temas de diversidad cultural, historia de los movimientos independentistas en América, etc., con niños de otros países utilizando los beneficios del Internet, de los blogs, el skype y las wikis, mientras las maestras de mis hijas les piden que de tarea lean de la página 10 a la 20 de su libro de texto (única fuente y punto de vista autorizado para tal efecto, por supuesto) y escriban un resumen o que copien las respuestas a las 15 preguntas que van a venir en el examen; exactamente como me lo pedían a mí cuando no había procesadores de texto, Internet, programas para elaborar videos, ni alguna otra herramienta que nos facilitara y enriqueciera las posibilidades. Igual me resulta desesperanzador cuando escucho a mi sobrina hablar de sus clases universitarias, en las que la máxima utilización de los avances tecnológicos consiste en “recibir” una clase (sentados en mesabancos acomodados en filas, por supuesto) cuyo centro es una proyección de diapositivas en power point, que además de ser totalmente expositiva, tiene una duración de aproximadamente dos horas y media, con láminas atiborradas de texto que ellos deben copiar o resumir mientras escuchan la “explicación de su maestra”.

Lo peor de la situación es que muchos de nuestros niños y jóvenes están muy lejos de este futuro que ya nos alcanzó y nos va rebasando a grandes zancadas, gracias a tantos años de instrucción tradicional, al grado de que si algún maestro les pide que piensen, que sean creativos, que tomen decisiones, que critiquen y aporten alternativas, se quejan y piden de vuelta la “comodidad” de las clases tradicionales.

Acabo de pasar una experiencia muy frustrante con mis alumnos de sexto semestre de bachillerato cuyo trabajo para la clase de filosofía era participar en un proyecto colaborativo de investigación siguiendo la metodología de la webquest. Tenían total libertad para expresar sus ideas de la manera en que ellos decidieran; había una serie de materiales de consulta a su disposición, desde ensayos, textos breves, definiciones, videos, presentaciones con imágenes y texto mínimo, etc. El único límite era no hacer el típico: “copy-paste”, es decir, que por corta o sencilla que fuera, elaboraran una producción original utilizando cualquier formato, material o medio de expresión.

Durante un mes estuvieron quejándose de no entender qué y cómo lo tenían que hacer. Cuando les planteaba de nuevo las instrucciones (escritas y ordenadas claramente en el instrumento digital de trabajo, en este caso una Wiki) y aceptaban que eran claras, sencillas y que las comprendían bien, pasaban a quejarse de la computadora o de la Wiki. Al final de cuentas, de ocho alumnos, solamente una alcanzó la meta deseada: escribió poemas, hizo esquemas e incorporó imágenes a breves textos. Los demás se limitaron a intentar escribir sobre los temas (con pésima redacción y ortografía, creo que como resultado de la falta de ejercicio en la escritura propia, por el abuso del “copy-paste”), a manera de respuestas breves, como si se tratara de un cuestionario.

En la evaluación, quedó bastante claro: no fueron problemas técnicos, pues aunque dos de las alumnas carecían casi por completo de habilidades en el uso de herramientas digitales más allá del correo electrónico, la Wiki es un dispositivo muy amigable y fácil de comprender; no fue falta de tiempo, ya que tuvieron tiempo en clase y bastante en casa -se los iba preguntando a cada uno semana por semana-. Tampoco se trató de falta de capacidad intelectual para abordar la tarea, ni que ésta se planteara con un nivel muy elevado para ellos o que se usaran términos confusos o complicados, esto también se controló y monitoreó desde el principio.

Al final, ellos no supieron ya qué razón darme para justificar los deficientes resultados obtenidos. Yo lo interpreté así: actitud pasiva y no propositiva ni creativa a la hora de asumir una tarea o un problema. Esperaban el 1, 2, 3 y las respuestas correctas o incorrectas, fáciles de ubicar, copiar y memorizar, ya que para eso los hemos entrenado durante más de 10 años. Así que si lo pensamos bien, nuestra educación del siglo XIX en este siglo XXI es totalmente exitosa.

Y créanme que tal afirmación duele.

(Imágenes tomadas de: http://historia-de-la-educ-arg.blogspot.com/2008/08/programa-hea-2008.html